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miércoles, 3 de octubre de 2012

La telepatía ha sido comprobada científicamente,¿por qué seguimos sin aceptarla como una realidad?


Repetidos experimentos, avalados por numerosos científicos, han comprobado la existencia de fenómenos de percepción extrasensorial; sin embargo, el mainstream de la ciencia sigue rechazando a la telepatía, acaso víctima de un nuevo dogma, avatar de una estrecha visión religiosa.


La ciencia lleva la voz dominante de lo que es real en nuestra cultura. Su método de obtención de conocimientos, aparentemente objetivo y riguroso, se ha erigido como el más efectivo dentro de nuestro paradigma sociocultural. Sin embargo, como antes la religión, que tanto criticó, la ciencia ha construido una autoridad oficial que en ocasiones legisla a través del dogma.
Un caso que parece demostrar lo anterior es el de la telepatía o la percepción extrasensorial (ESP, en inglés). Como bien muestra Chris Carter, maestro por la Universidad de Oxford, en un reciente ensayo, existen numerosas pruebas científicas que comprueban la existencia de la telepatía y sin embargo ésta es considerada como una aberacción del pensamiento mágico insuperado por las conciencia primitivas que merodean las afueras de los laboratorios y las universidades.
Este prejuicio que pende sobre lo mal llamado “paranormal” tiene un larga historia, adoptado incluso por científicos tan reconocidos como Einstein, quien llamó despectivamente al fenómeno que hoy conocemos como entrelazamiento cuántico “spooky action at a distance” (“acción fantasmagórica a distancia”).
Carter traza la historia del sesgo (paradójicamente) irracional que existe en contra de la telepatía que recurrentemente se manifiesta en la ciencia. Por ejemplo, recientemente el famoso psicólogo escéptico Richard Wiseman admitió que la evidencia que se tiene de la telepatía es tan buena que “para los estándares de cualquier otra área de la ciencia está comprobada”. Carter trae a colación que esto viene sucediendo desde décadas atrás. El psicólogo Donald Hebb escribió en 1951:
¿Por qué no aceptamos la percepción extrasensorial como un hecho psicológico? Rhine ha ofrecido suficiente evidencia para convencernos en casi cualquier otra cuestión. Personalmente, no aceptó la percepción extrasensorial porque no hace sentido. Mi criterio externo, tanto de física como de fisiología, dice que la la percepción extrasensorial no es un hecho pese a la evidencia de que ha sido reportada. No puedo ver que otra base tienen mis colegas para rechazarla. Rhine puede acabar estando en lo correcto, improbable como pienso que es, y mi propio rechazo de esta perspectiva es –en el sentido literal– prejuicio.
Cuatro años después, George Price, publicó un artículo en la prestigiosa revista Science:
Los creyentes en los fenómenos psíquicos… parecen haber dado con una decisiva victoria y virtualmente silenciado a la oposición. La victoria es el resultado de cuidadosa experimetación e inteligente argumentación. Docenas de experimentadores han obtenido pruebas positivas de percepción extrasensorial en experimentos, y los procedimientos matemáticos han sido aprobados por los más destacados estadísticos… Contra esta evidencia, casi la única defensa que le queda al científico escéptico es la ignorancia.
George Price, del departamento de medicina de la Universidad de Minnesota, sin embargo, dijo que ya que la parapsicología y la ciencia moderna son incompatibles se debía rechazar la telepatía –como si el edificio de la ciencia moderna hubiera sido construido con oro solido y nada pudiera mancillarlo o derribarlo (o todo aquello que amenazara con hacer esto debería de ser marginado).
Los anteriores ejemplos muestran claramente que los escépticos consideraban que si la telepatía fuera un campo de investigación como los otros que investiga la ciencia, ya habría sido aceptada como una realidad. Sin embargo, por ser un caso especial se requiere “evidencia extraordinaria”. Pero esta evidencia extraordinaria contrasta con la experiencia ordinaria de miles y miles de personas que viven la telepatía como algo común en sus vidas cotidianas.
Curiosamente, según un par de encuestas citadas por Carter, incluso los físicos se inclinan en más de un 50% a creer que la telepatía existe, pero los psicólogos se inclinan a negar esta posibildad.
Una de las principales razones por las que los científicos se oponen a la telepatía, pese a las pruebas experimentales, es que supuestamente, en palabras de Richard Dawkins “pone de cabeza las leyes de la física”. Pero esto, según Carter, en realidad solo aplica a la física clásica, y no a la física cuántica actual. No ocurre una contradicción con el modelo de la física cuántica actual, en el que partículas subatómicas exhiben una conexión instantánea a distancia, lo que se conoce como entrelazamiento cuántico, repetidas veces probado en el laboratorio desde el seminal experimento de Alain Aspect en 1981.
En el esfuerzo de entender cómo funciona la telepatía desde un modelo científico es interesante revisar el trabajo de Rupert Sheldrake, quien no sólo ha realizado experimentos midiendo la telepatía humana y animal, sino que ha establecido una base teórica para entender la percepción extrasensorial, particularmente la transmisión psíquica de información a distancia. Sheldrake ha observado indirectamente la existencia de lo que llama “campos mórficos” o “campos morfogenéticos”, los cuales almacenan la memoria de una especie incorpóreamente. Sheldrake sugiere que los seres vivos entran en un estado de resonancia con estos campos –o con otros miembros de su especie– y de esta forma reciben información puntual a distancia.
Quizás sería bueno recordarles a algunos científicos como las creencias religiosas en su momento fueron el enemigo principal del conocimiento… como la creencia en general va en detrimento de la inteligencia. Ya que su creencia en un modelo del mundo les impide observar sin filtros los datos experimentales que se contraponen a su visión de cómo son las cosas (una visión que es más un cómo deberían de ser las cosas). Todos proyectamos nuestros pensamientos y creencias en el mundo, pero supuestamente la ciencia estaba libre de esto. Una ciencia que por otro lado ha descubierto que esa proyección, ese acto de observación con un instrumento, modifica la realidad observada.





Tomado de Pijamasurf

lunes, 1 de octubre de 2012

La Atlántida y los Mundos Perdidos



La Atlántida es un viejo fantasma que más de un arqueólogo conservador quisiera silenciar. Pero su historia persiste, al igual que la de otros mundos sumergidos que acusan esa catástrofe gigantesca o “diluvio universal” del cual sobrevivió, supuestamente, Kukulkán y otros misteriosos sacerdotes barbados que llegaron a toda América. ¿Eran supervivientes de la Atlántida de Platón? ¿Acaso sus descendientes? ¿Lo que ocurrió en aquellos lejanos tiempos, se puede volver a repetir? A continuación, comparto un resumen de uno de los capítulos de mi libro "después del 2012" (Ediciones luciérnaga, barcelona).

Rastreando la Isla de los Dioses

Fue el célebre filósofo griego quien puso a descubierto la historia de esa civilización desaparecida en el océano, un relato que originalmente había sido escuchado por Sólon, el sabio legislador ateniense, durante un viaje a Egipto. En el Critias y el Timeo de Platón se pueden leer diversas citas que mencionan a la ciudad sumergida, entre ellas una que señala el hundimiento de la “Isla” hace unos 9,000 años antes de los tiempos de Solón (638-558 AC). Desde entonces, la supuesta existencia de Atlántida ha acaparado la atención de muchos hombres, adquiriendo un importante interés a mitad del Siglo XIX. Era un tema habitual de discusión. Y como era de esperarse, más de una escuela esotérica dedicó sus estudios a desentrañar el misterio de aquel mundo perdido. Hoy en día, el debate sigue abierto.

Los escépticos, dicen que la Isla de Platón fue sólo una invención para “ambientar” un discurso político que el filósofo griego ya había ensayado en La República y Las Leyes. Y quienes defienden su existencia, argumentan que diversas culturas del mundo hablan de “civilizaciones perdidas” que sucumbieron bajo una catástrofe global, y apuntan a la dorsal mesoatlántica como lecho de la Isla, los presuntos restos submarinos hallados en Bimini en 1968 como prueba de construcciones humanas hundidas en el Atlántico, y los alineamientos celestes de diversos yacimientos arqueológicos del mundo —y que marcarían una coordenada en el pasado— como una “pista” de la fecha “en que ocurrió la catástrofe”. Pero el problema no está en la supuesta existencia de Atlántida. Lo que más martilla la cabeza de los estudiosos es que, si realmente existió, ¿cómo pudo desaparecer en “un día y una noche”, tal y como relata Platón?
La Atlántida —siempre de acuerdo al relato de Platón— era tan grande como Asia menor y Libia juntas. ¿Qué calamidad llevó a hundir semejante territorio? Y si aquellos hombres eran tan sabios, ¿cómo no advirtieron la destrucción que se les avecinaba? A menos que el “diluvio” haya sido repentino, sorprendiéndoles en medio de una crisis interna de su cultura.


Arriba: Mapa de la Atlantida, según el escritor, abogado y político norteamericano, Ignatius Donnelly (1882).

Durante mi adolescencia, el misterio de la Atlántida me atrajo poderosamente. Pero más tarde descubriría que la Isla de Platón era tan sólo la “Punta del Iceberg”. A los 19 años, en medio de mi búsqueda, me integré en la Orden de la Rosacruz, antigua escuela esotérica que se remonta a la Europa del Siglo XVII. En mis estudios rosacruces leí algunos textos que hablaban de “Lemuria”, “Hiperbórea”, y otros mundos antediluvianos. Las increíbles historias que describían esas olvidadas civilizaciones coincidían en que sus habitantes “habían perdido el camino”, y que hicieron caso omiso a ciertas señales cósmicas que predecían un cambio planetario de gigantescas proporciones. Aquel cambio, acorde a antiguas enseñanzas esotéricas, sería más o menos traumático según el nivel de frecuencia de los seres humanos. ¿Acaso, ello fue lo que sucedió con la Atlántida? ¿A qué tipo de señales cósmicas se referían aquellos relatos? ¿Y qué significa, exactamente, el nivel de “frecuencia”?
Tuvieron que pasar largos años para hallar una posible respuesta. O por decirlo de otro modo, para comprender un antiguo mensaje que sentí como un viento cuando visité la Pirámide de Kukulkán en Chichen Itzá. “Sabía” —y no me pregunten cómo— que la historia de los mayas y la profecía de 2012 estaba entroncada con un acontecimiento más antiguo y que se podía repetir, poniendo nuevamente al hombre ante una extraordinaria “evaluación”. Una prueba que los hombres de la Atlántida no supieron enfrentar. Kukulkán, y los “hombres barbados” que describe una y otra vez la tradición andina, no querían que se repitiera el mismo episodio con las generaciones del futuro. Por ello la advertencia de lo que puede acontencer después del 2012.

Arriba: ¿quienes fueron, realmente, los hombres barbados de Bolivia, Perú o México?

Pero, como decía, la Atlántida es sólo la punta del iceberg. Otras tierras, hoy desconocidas por la mayoría de los hombres, habrían conocido también su final ante inesperados “cambios climáticos extremos”, activados por un fenómeno cósmico que los mayas conocían muy bien. Un fenómeno que es cíclico y que, por lo tanto, se puede predecir. De acuerdo a diversas investigaciones, Hiperbórea y la Lemuria serían tierras más antiguas que la Atlántida. La primera se ubicaba al extremo norte de Europa y Groenlandia, tal y como mencionan insistentemente las leyendas de la vieja Tule. Sileno, filósofo griego, afirmaba que sus habitantes estuvieron en contacto con “otras gentes más allá del mar”. Y la leyenda dice que eran seres gigantes e inmortales. Por otra parte, Lemuria, era una franja de tierra que unía en el pasado las costas sur orientales de África con Madagascar. Precisamente fue el geólogo inglés Philip Sclater quien la “bautizó” con ese nombre al observar varios grupos de primates lemúridos dispersos en toda la región, separados por el océano Índico. Por ello teorizó un “puente de costa a costa” en una época geológica remota. Del nombre de los primates, acuñó el término “Lemuria”, el lugar en donde habría aparecido el ser humano por primera vez.
Muchos escritores confunden la Lemuria con Mu, otro mundo sumergido, pero esta vez en el océano Pacífico y presuntamente ligado con la cultura maya. El Coronel James Churchward, oficial de la Armada Británica en la India, fue uno de sus principales difusores, argumentando su existencia gracias a una tablas de barro que le mostraron en un templo hindú. Aquellas tablas, llenas de curiosos símbolos, supuestamente narraban el hundimiento de Mu. Y Churchward afirmó, entre otras cosas, que esos símbolos eran idénticos a los que se pueden ver en la Isla de Pascua. Tiempo más tarde, el controvertido arqueólogo francés Augustus Le Pongleon afirmó haber hallado, en 1886, un arcano manuscrito maya en la Península del Yucatán, en donde se describía, a su entender, tierras sumergidas en el océano Pacífico, una afirmación que ya había sido disparada en 1864 por el eminente americanista Charles-Etienne Brasseur de Bourbourg al tomar el “Codex Troano” como el relato de un tierra hundida, llamada también Mu. Como fuere, todos estos indicios, discutidos y cuestionados por la ciencia oficial —desde luego— dieron mayor fuerza a la hipótesis de tierras “hundidas” en el océano Pacífico, tal y como sostienen muchas tradiciones indígenas. Entre ellas, la más consistente y llena de detalles, es la que comparten los indios hopi. Pero ellos no le llaman Mu, sino “Kasskara”.

La extraordinaria historia Hopi
Los hopi, hoy afincados en una reserva nativa en Arizona, dicen que hace mucho tiempo atrás existió una gran civilización que fue “barrida” por erupciones volcánicas e inundaciones. Gracias a unas misteriosas entidades no humanas, llamadas “Katchinas”, quienes con ayuda de sus “escudos voladores” pudieron rescatar a diversos grupos humanos, la gente de Kasskara pudo ser llevada a zonas que hoy en día conocemos muy bien, como Mount Shasta en California, la mismísima Palenque en Chiapas, y Tiahuanaco en el altiplano andino. Así, cuentan, se pudo preservar el legado de esa olvidada civilización que hoy en día estaría oculta en el mundo subterráneo. Sí, suena increíble. Pero, ¿si así ocurrió? ¿Acaso los “Katchinas”, que según los hopi venían de las Pléyades, asistieron a los habitantes de “Mu” ante una catástrofe que hundió a su civilización?
En los años 80, el ingeniero espacial de la NASA, Joseph Blumrich, publicó un libro revelador sobre las leyendas hopi, luego de una larga entrevista que mantuvo con su líder, “Oso Blanco”. En él nos cuenta:
De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la humanidad está dividida en períodos que ellos denominan «mundos», los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero, por el agua. Actualmente viviríamos en el cuarto mundo. Y en total, la humanidad deberá recorrer siete. No siendo comprobables históricamente los dos primeros mundos hopi, la memoria tribal de ellos se remonta a la época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Este era el nombre, en realidad, de un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del Este». Y los habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara.”
Luego, Blumrich se refiere sin mayores rodeos a la naturaleza de los misteriosos “Katchinas”:
“…los Katchinas ayudaron a los elegidos a trasladarse a nuevas tierras. Este hecho marcó el fin del tercer mundo y el comienzo del cuarto. Es preciso aclarar que, desde el primer mundo, los humanos estaban en contacto con los Katchinas, palabra que puede traducirse por «venerables sabios». Se trataba de seres visibles, de apariencia humana, que nunca fueron tomados por dioses sino solamente como seres de conocimientos y potencial superiores a los del ser humano. Eran capaces de trasladarse por el aire a velocidades gigantescas, y de aterrizar en cualquier lugar. Dado que se trataba de seres corpóreos, precisaban para estos desplazamientos unos artefactos voladores, unos «escudos voladores» —al igual que en las crónicas romanas, al igual que en las crónicas de Carlomagno— que recibían diversos nombres.
(Kasskara and the seven worlds, Joseph Blumrich, 1985)
Por el relato, los Katchinas serían seres físicos, visibles, que gracias a una avanzada tecnología —ya que podían desplazarse en el cielo con ingenios voladores— pudieron asistir al pueblo de Kasskara. ¿Se trataba de un grupo de seres extraterrestres? Y la alusión a la gente del “País del Este” podría referirse a la Atlántida. De acuerdo a la tradición hopi —y otras tantas que podemos hallar en todo el mundo— los “hombres del Este” eran guerreros, y estaban embarcados en una obsesiva conquista de nuevos territorios. Recuerda inevitablemente a la Isla de Platón.

Arriba: representación hopi de los "dioses" Katchinas, que llegaron desde las estrellas Pléyades...

Sí hacemos caso a las diversas leyendas y mitos que hablan de estos “mundo perdidos”, Hiperborea y Lemuria serían tierras más antiguas, que se remontan a millones de años atrás. Atlántida y Mu, por su parte, habrían sido las protagonistas de la “última destrucción”, que sucedió hace aproximadamente 12,000 años. Y ambas civilizaciones eran distintas. Mu habría sido una cultura mística y pacífica, y Atlántida estaba concentrada en su avance tecnológico y sus planes de colonización y expansión.
Sí, dije bien: avance tecnológico.
Muchos relatos de extraños vehículos voladores en el pasado no siempre deberían relacionarse a inteligencias extraterrestres. ¿Qué tal si se trataba de antigua tecnología humana que fue borrada de un plumazo con el “diluvio universal”? Con ello no quiero decir que no se haya producido visitas de civilizaciones no humanas a nuestro mundo en épocas remotas —personalmente, no tengo duda alguna de ello—, sino a que el panorama que enfrentamos es bastante más amplio de lo que uno generalmente supone. Desde el mapa de Piri Reis, trazado en 1513 y sin duda “copiado” de documentos más antiguos, que describe con precisión todos los continentes del mundo, incluyendo Sudamérica —desconocida en aquel entonces— con el nacimiento del río amazonas dibujado y, por si ello fuera poco, con las costas de la Antártida libre de hielos, a las “pilas eléctricas” halladas en las viejas ruinas de Khujut Rabu, ciudad Parta, en los alrededores de Bagdad —con 22 siglos de antigüedad—, o la desconcertante “máquina de Anticitera”, una presunta “calculadora mecánica” que fue sacada del mar en 1900 por pescadores griegos, cerca de la costa de la Isla de Anticitera al oeste de Creta, y que tendría al menos 2,000 años —se puede ver en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas―, hallamos en esas “anomalías” un “gato encerrado”. Me pregunto, ¿todo esto es un accidente?

La fecha del “diluvio”
Listar la cantidad de “anomalías” que se pueden encontrar en el mundo antiguo me obligaría a escribir un libro aparte. No exagero. Hay muchísimas evidencias que no cuadran en la historia. Hoy por hoy estoy convencido de que el ser humano “antediluviano” adquirió tecnología. Sin embargo, por alguna razón, todo ello quedo sepultado, olvidado e “invisible” para nuestros tiempos. Si hubo una catástrofe que extinguió su tecnología, al menos los supervivientes no perderían sus conocimientos. Pero tendrían que volver a empezar, y literalmente, de cero. ¿No es curioso que se describa a los mayas como grandes matemáticos y astrónomos, y al mismo tiempo, que se les sitúe en la edad de piedra? Los grandes yacimientos arqueológicos de todo el mundo antiguo denotan grandes conocimientos científicos y místicos. Pero todos ellos tuvieron que ser erguidos en roca, empleando los medios de los que se disponía en aquel entonces.
Da la impresión de que las pirámides de Egipto, la mal llamada “fortaleza” de Sacsayhuamán en Cusco, Tihuanaco en Bolivia, o los diversos templos mayas de México y Centroamérica, hubiesen sido erguidos por remanentes de una cultura madre. La construcción de pirámides y templos, la importancia del Sol, la creencia en una vida después de la muerte, los complejos conocimientos astronómicos, incluso las leyendas que describen el “origen” del ser humano, se parecen demasiado. Tanto, que uno piensa si todas las culturas fueron engendradas por la misma madre.
Decir que la “madre” fue Atlántida, o Mu —o ambas— sería muy fácil. Pero todos los indicios sugieren que hubo una civilización original que influenció en los pueblos de todo el mundo luego del tan mencionado “diluvio”.
¿Qué causó el supuesto “diluvio”? ¿Ocurrió hace unos 12,000 años?
A mediados de los años 90 me llegaron unas informaciones sobre el presunto alineamiento de las principales pirámides de Giza con el Cinturón de Orión. Confieso que no me sorprendió. Pero lo qué sí llamó mi atención fue que no sólo Egipto estaba “conectado” con aquel grupo de estrellas. Recuerdo que luego de una conferencia que brindé en la ciudad de Montevideo, en Uruguay, un recordado amigo y hermano, Guillermo Silva, me obsequió un libro de Graham Hancock: “Las Huellas de los Dioses”. En él, el investigador británico describe un apasionante estudio de diversas culturas del mundo antiguo, realizando paralelismos y repasando de cerca sus grandes conocimientos astronómicos. Al igual que Robert Bauval y Adrian Gilbert —co autores del libro “El Misterio de Orión”— Hancock llegó a una conclusión inquietante: Las civilizaciones del pasado habrían dejado “señales” astronómicas en sus pirámides y centros sagrados para marcar una “fecha”. Una fecha que se remonta al año 10.500 antes de Cristo.

Arriba: otro tema incómodo para la Arqueología son las estructuras sumergidas de la isla japonesa de Yonaguni. El equipo de científicos del Misaki Kimura confirmó el hallazgo y la acción de "la mano del hombre". ¿Qué tan antiguas son si están bajo el agua? Según algunos estudios, esas ruinas estan allí, por lo menos, 12,000 años...

Robert Bauval —un ingeniero belga aficionado a la astronomía—sugirió que las tres grandes pirámides de Giza estaban alineadas a las estrellas Al Nilam, Al Nitak y Mintaka del Cinturón de Orión. De acuerdo a numerosos estudios, que contaron con la ayuda de sofisticados programas de computación, se calculó que las tres estrellas de Orión se hallaban alineadas a las célebres pirámides egipcias el 21 de marzo del año 10,500 antes de Cristo, en pleno equinoccio vernal en aquellas latitudes del mundo. Además, la no menos misteriosa “Esfinge” estaría emplazada en dirección a la Constelación de Leo en esa misma fecha —y quizá, por esa razón, tendría cuerpo de “León”— alimentando así viejas leyendas que la identifican como la “ancestral guardiana” de las pirámides. El profesor Robert Schoch, geólogo de la Universidad de Boston, levantó más polvo en torno al enigma de la Esfinge y su verdadera antigüedad al sostener que su erosión es producto de torrenciales lluvias. Y se sabe muy bien que al menos desde hace 10,000 años no llueve con esa intensidad en Egipto.
Graham Hancock, desde luego, siguió estas pistas, y reunió más información, que esta vez comprometía al Templo de Kalasasaya en Tiahuanaco, a los “falsos morteros” de Machu Picchu, la figura de la “Araña” en la pampa de Nasca, las pirámides de Teotihuacán en México, e incluso las ruinas sumergidas de Yonaguni en Japón —entre otros centros arqueológicos del mundo— con la misma alineación a Orión en el año 10,500 antes de Cristo. ¿Casualidad?
No lo creo.
Si diversos emplazamientos antiguos del mundo “marcan” una fecha y un lugar, probablemente querían dejarnos un mensaje. Un mensaje que va más allá de una fecha simbólica, que podría estar conectada con los tiempos en que se produjo el “diluvio”. Y un lugar que está ubicado en el espacio, en un grupo de estrellas que se hallan a cientos de años luz de nuestro planeta. ¿Por qué Orión? Pienso que por alguna razón se identificaba a Orión con la figura del “Gran Cazador”, un guerrero imaginario, “dibujado” en las estrellas, y que podría esconder un acontecimiento más profundo.
Si Orión representa al cazador, al “Guerrero”, y su “cinturón” está alineado con diversos yacimientos arqueológicos del mundo en una fecha tan inquietante como el año 10,500 antes de Cristo —un número que se acerca mucho a la coordenada del hundimiento de la Atlántida que menciona Platón en sus Diálogos— ¿será posible que la caída de las civilizaciones antediluvianas estaba conectada con su espíritu guerrero y colonizador? ¿Fue por esa razón que no vieron el arribo del “diluvio”? ¿Esta descripción no coincide con la fama que tenía la Atlántida de ser una “cultura guerrera”?
Desde luego, esa no es la única explicación posible, ya que Orión involucra muchísimas más cosas. Entre ellas, era el “lugar de origen” de los misteriosos dioses egipcios… Y curiosamente, bajo el Cinturón de Orión, se encuentra la M42, una gigantesca nube de gas y polvo que está engendrando nuevos soles y planetas. En ese lugar, ubicado a 1,600 años luz, el telescopio espacial Hubble halló moléculas orgánicas similares a las primeras que se formaron en la Tierra hace miles de millones de años. Al menos, es un dato más que sugerente. Sería increíble si nuestros ancestros conocían todo esto… De lo que no hay duda es que hay una “pista” dejada por aquellas antiguas civilizaciones. Quizá, estaríamos hablando de los supervivientes del “diluvio” como autores de ese mensaje. Ellos habrían intentado dejar una advertencia que se mantuviera viva durante miles de años y pudiera llegar a nosotros para no cometer el mismo error en el que ellos cayeron.
¿Qué fue lo que sucedió? ¿Ante qué catástrofe se enfrentaron? ¿Y que tiene que ver todo ello con la profecía de 2012?

Anatomía de una catástrofe
Hace unos 12,000 años, habría sucedido el hundimiento de la Atlántida. Y se cuenta que sus presuntos supervivientes lograron rescatar los archivos históricos, preservando así el conocimiento que adquirieron, aunque perdieron su tecnología debido al desastre planetario que enfrentaron. Tiempos más tarde, decidieron compartir sus adelantos con los grupos humanos que hallaron disgregados en el mundo, llevándoles la semilla de la civilización, y precipitando con ello un gran avance en materia de astronomía, arquitectura, agricultura e incluso sobre la vida más allá de la muerte y la relación del hombre con el Universo. A sus nuevos “discípulos” les contaron la historia de los “orígenes”, de la caída y destrucción que vivieron. Todo ello llegaría a nosotros como leyendas. Y también les habrían dado una advertencia: Que el mismo acontecimiento que ellos no supieron manejar, volvería a suceder.
¿Qué acontecimiento?
Asumiendo la existencia de la Atlántida, Mu, y otras civilizaciones sumergidas, ¿qué evento sucedió en el planeta como para generar su desaparición sin dejar prácticamente huellas visibles?
Debo adelantar, que quienes persiguen el rastro de estas culturas olvidadas, no se ponen de acuerdo. Desde el impacto de un cuerpo celeste, a detonaciones de armas de destrucción masiva, o un violento cambio climático —que involucró grandes deshielos y por consecuencia espantosas inundaciones— son las diferentes teorías que se suelen esgrimir para intentar explicar cómo una avanzada civilización se hundió en las aguas del océano en un solo día y una sola noche.
Veamos brevemente las principales hipótesis:
1. Un impacto celeste
Hace miles de años, entre las órbitas de Marte y Júpiter, habría existido un planeta habitado del que hoy solo quedan numerosos fragmentos. Sus “restos” sería el cinturón de asteroides que reveló Giuseppe Piazzi en 1801 al reportar el hallazgo de Ceres, el principal cuerpo que compone el cinturón —mide 950 Km. de diámetro—. Aquel posible cementerio estelar cuenta con más de 40,000 cuerpos flotando en el espacio. Para científicos de la ex Unión Soviética, los asteroides son restos de un planeta que por razones desconocidas estalló. Los estudiosos lo llamaron “Faetón”.
Supuestamente, dos grandes fragmentos de Faetón —o “Maldek”, como también se lo conoce— fueron atrapados por la gravedad de la Tierra, y estuvieron orbitando con la Luna durante un período no establecido. Es decir, en aquellos remotos tiempos, habríamos tenido “tres lunas”. Hasta que algo ocurrió.
Los fragmentos se precipitaron a nuestro mundo ocasionando una gran destrucción debido al impacto. Uno de ellos, habría caído precisamente en el océano Atlántico —condenando a muerte a la “Isla” de Platón— movilizando así las energías del planeta que se vieron alteradas en la zona del incidente, un lugar que no sería otro que el controvertido Triángulo de las Bermudas. El segundo fragmento, se habría precipitado sobre el océano Pacífico, creando también un área de “aberración magnética” que algunos escritores denominan el Triángulo del Dragón. Como fuere, se supone que las “huellas” del impacto de estos dos cuerpos sería la Fosa de Puerto Rico, ubicada entre el Mar Caribe y el Atlántico, y que tiene la espantosa profundidad de 8,605 metros. En el Pacífico ocurre algo similar con la Fosa de las Marianas, que tiene 11,034 metros de penetración. ¿Las evidencias de un impacto o sólo formaciones naturales producto del proceso de subducción que vivió el lecho marino?
En mensajes de presunta procedencia extraterrestre, y en visiones de algunos psíquicos de renombre, como el norteamericano Edgar Cayce, se afirma que cuando ocurrió la catástrofe de la Atlántida sus habitantes estaban en “guerra”, y por ello no pudieron evitar el ocaso, pues se hallaban embarcados en sus conflictos, muy lejos de imaginarse un repentino golpe que los borraría textualmente del mapa. Otras fuentes sugieren que los atlantes “sostenían” con su tecnología —unas pirámides que proyectaban columnas de luz sólida al cielo— los dos fragmentos de Maldek, para que éstos no se precipitaran sobre el planeta. Sin embargo, sus guerras trajeron consigo la destrucción de aquellas máquinas que equilibraban la órbita de los improvisados satélites. Todo fue rápido y violento. No se pudo evitar el impacto. ¿Esto fue lo que sucedió? ¿El mensaje sería que el fantasma de la guerra les hizo caer y destruir su propia civilización?

2. Una glaciación
No pocos estudiosos apuntan al último período glacial como el responsable de la destrucción de la Atlántida. Si la “Isla” de Platón existió, y se hundió en el océano hace unos 12,000 años, ello coincide con la descripción que hizo Charles Darwin en su Diario, al describir una extinción masiva entre el 15,000 a. C. y el 8,000 a. C. Huelga decir que estaríamos hablando de una gran cadena de consecuencias climáticas, extremas, que afectaron a buena parte del mundo. Se dispone de numerosos indicios que sugieren una violenta actividad volcánica durante el declive de la Glaciación Wisconsin: Movimientos sísmicos, tsunamis, y espantosas olas de frío son sólo algunas de las circunstancias que habrían enfrentado los hombres de aquel entonces. Amén de inundaciones globales.
Se supone que durante los episodios de intenso vulcanismo, que formaron parte de ese período glacial, el material expulsado a la atmósfera pudo generar una suerte de “invierno nuclear”. Los volcanes proyectaron un enorme volumen de anhídrido carbónico —un gas de “efecto invernadero”— ocasionando una verdadera turbulencia climática que puso en aprietos a la mayoría de las especies del mundo. Pero, ¿todo esto explica la súbita destrucción de la Atlántida?
Personalmente, no lo creo. Considero que hay otras hipótesis que deberíamos tener en cuenta.
Quizá podría explicar por qué la Atlántida era una suerte de gran “archipiélago” cuando se hundió y no un continente. Se dice que cuando el mundo perdido desapareció en el océano —en su destrucción final— estaba conformado por tres islas imponentes, siendo la principal la mítica Poseidonis. Antes, habrían sido vastas tierras, pero los continuos embates planetarios las redujeron a diez islas. Supuestamente, siete de estas islas fueron destruidas por sus incesantes guerras. Las tres últimas, con el centro de dirección en Poseidonis, se hundieron finalmente hace unos 12,000 años. Esta historia coincide con las visiones de Edgar Cayce, que describen “tres destrucciones” para la Atlántida. Sin embargo, sigue siendo un misterio por qué desapareció súbitamente.

3. Un fenómeno cósmico

Guerras, la caída de asteroides, y un terrible cambio climático son las tesis que usualmente se manejan para intentar desentrañar las causas que aniquilaron el Imperio de aquellos “semidioses”. Pero a todo ello debemos añadir una influencia poderosa que podría haber precipitado espantosos cambios en el planeta: Una radiación que llegó desde el centro de nuestra galaxia.

Como explicaba en las primeras páginas de este libro, los mayas y otras antiguas culturas conocían el ciclo precesional que describe nuestro planeta a lo largo de 25,920 años. Una interpretación de las profecías mayas sostiene que al cumplirse ese ciclo gigante se produce una “alineación” con el núcleo galáctico, en donde reside una poderosa fuente de energía que “transmuta” a los mundos hacia una “nueva etapa”. El proceso involucraría graves trastornos en nuestro Sol y en el planeta, afectando de manera insospechada el equilibrio climático e, inclusive, a las propias formas de vida. Otras fuentes sostienen que esta situación ocurre, en realidad, dos veces durante la rueda precesional; es decir, cada 12,960 años, una cifra que se acerca, y mucho, a la fecha del posible hundimiento de la Atlántida —en el año 10,500 a. C. —. Lo cierto es que no existe forma de confirmar si hubo una influencia cósmica en el clima y en los hombres de aquel tiempo. Sólo podríamos seguir emitiendo conjeturas.

Ahora bien, la radiación del centro galáctico y su acción en la Tierra no es un “cuento chino”. Tampoco es una broma que en estos tiempos los cambios climáticos en el planeta hayan arreciado de manera preocupante, caminando de la mano con la crisis económica mundial, social, virus, guerras, y todo cuanto estamos enfrentando.
¿Estamos viviendo las mismas señales que afrontaron los hombres de la Atlántida? ¿Fue por ello que “Kukulkán” intentó advertirnos de lo que vendría? ¿2012 fue el inicio de esa nueva nueva prueba para la humanidad? Si es así, deberíamos escuchar el mensaje simbólico del hundimiento de Atlántida o el episodio bíblico del Arca de Noé: es momento de cambiar nuestra visión de las cosas.

FUENTE http://www.legadocosmico.com


domingo, 27 de noviembre de 2011

INFILTRACIÓN EN EL VATICANO



La infiltración en el Vaticano es un hecho. La masonería, el OPUS DEI, los servicios secretos, Los Illuminati, la OTO y el satanismo han sido capaces de colocar a sus hombres en puestos claves del Vaticano que dan acceso a la información y, en el mejor de los casos, al poder. El presente trabajo muestra esa realidad asombrosa.

La Masonería
Cuando las logias masónicas se extendieron por Europa en los inicios del siglo XVIII, las condenas papales no se hicieron esperar. Clemente XII, con su bula In Eminenti del 24 de abril de 1738, condenó y prohibió las sociedades, reuniones, asociaciones o agrupaciones denominadas Liberi Muratori, masones u otros nombres, por ser “perniciosas para la seguridad de los estados y la salvación de las almas”. Otros papas como Benedicto XIV, Pío VII, León XII, León XIII y Pío X reprodujeron las condenas xenófobas contra la masonería y las sociedades secretas, argumentando prácticamente lo mismo que el papa Clemente XII. El paso del tiempo, sin embargo, ha provocado que la masonería no sólo sea aceptada más o menos por el Vaticano, sino que esté infiltrada en los diferentes escalafones de poder de éste y lo controle en parte.
El primer hecho que provocó que la opinión pública conociese dicho extremo fue el caso de la Logia P2 italiana, fundada por el ex fascista y rico empresario Ligio Gelli. Por la Logia P2, pasaron hombres ligados a las finanzas y el poder del Vaticano, al igual que personalidades de la política y las finanzas de Italia y Latinoamérica, que acabaron envueltos en tramas delictivas. El 12 de diciembre de 1987, el periodista Pier Carpi, en L’Expresso, afirmaba sobre la presencia de la Logia P2 en el Vaticano que “se llama ‘Logia Eclesia’ y está en contacto directo con el gran maestre de la Logia Unida de Inglaterra, el duque Michael de Kent. A ella pertenecen más de cien personas entre cardenales, obispos y monseñores de la Curia que consiguen mantenerlo en el más absoluto secreto, pero no hasta escapar a las investigaciones de los hombres del famoso OPUS DEI”.

sábado, 29 de octubre de 2011

LOS TRAIDORES SERÁN TRAICIONADOS


TOMADO DE CienciayEspiritu

DE UNA U OTRA MANERA, LA MAYORÍA HEMOS VISTO ALGUNA QUE OTRA PELÍCULA DONDE LOS MENSAJEROS CHIVATOS O LOS TRAIDORES SON EJECUTADOS DESPUÉS DE HABER CONSUMADO SUS TRAICIONES, A MANOS DE AQUELLOS MISMOS A QUIENES SE HABÍAN VENDIDO….
Judas Iscariote tal vez sea el más famoso de todos los traidores de la historia por delatar a Cristo con un beso (de ahí “el beso de Judas”) para señalarlo y que le apresaran los romanos a cambio de las famosas 30 monedas de plata.
 
La traición -decía Maquiavelo- es el único acto de los hombres que no se justifica. Y agregaba: “los celos, la avidez, la crueldad, la envidia, el despotismo son explicables y hasta pueden ser perdonados, según las circunstan-cias; los traidores, en cambio, son los únicos seres que merecen siempre las torturas del infierno, sin nada que pueda excusarlos”.

martes, 11 de octubre de 2011

Víctimas de curas pederastas entregan una carta para el Papa en el Vaticano



Benedicto XVI celebra una misa para peregrinos en Alemania. | Efe
Benedicto XVI celebra una misa para peregrinos en Alemania. | Efe
Dos italianos que sufrieron cuando eran menores abusos sexuales por parte de curas consiguieron este martes entregar a un funcionario de la Secretaría de Estado vaticano una carta dirigida al papa Benedicto XVI en la que pedían medidas concretas para afrontar el problema.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Soldados ingleses democratizando niños en el Irak ocupado por los Aliados.





Los niños que se ven en las imagenes arrojan piedras a las fuerzas de ocupación que desde el primer dia de la invasión aliada, se dedicaron a aterrorizar a su nación, masacrando a sus familias, violando mujeres y hombres, torturando civiles y destruyendo todo rastro de libertad popular en nombre de la visión única que pretenden imponer al mundo entero.


Este corto fragmento es solo una pequeña muestra de la imposición mesianica de la democracia y de todo tipo de medidas terroristas y atrocidades por parte de la Alta Finanza Internacional, con la ya gastada y poco creible excusa de los "derechos humanos".


Esta excusa fue inventada en 1945 para ejecer el dominio del mundo a través del terror ideológico, acusando de "genocidas" a los pueblos que no se someten a sus ordenes, a los que se acusa de "violar los derechos humanos", tras lo cual se los difama y extermina sistematicamente, como en Irak, o proximamente en Irán.


La excusa de los derechos humanos también es utilizada para sostener gobiernos terroristas y antipopulares funcionales a la Alta Finanza Internacional, como el de la familia Kirchner, cuyo discurso, al igual que el de los Aliados, también presenta tintes de democratismo mesianico.

martes, 13 de septiembre de 2011

Víctimas de abusos sexuales denuncian al Papa ante La Haya por crímenes de lesa humanidad


El Papa Benedicto XVI

La organización Red de Supervivientes de las Víctimas de Abusos por Sacerdotes (SNAP) ha denunciado ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de La Haya al Vaticano, incluyendo a Benedicto XVI y a otros tres cardenales, por crímenes de lesa humanidad. Les acusan del "encubrimiento generalizado y sistemático de violaciones y crímenes sexuales" contra niños en todo el mundo, según han explicado en un comunicado.
Florence Olara, portavoz de la Fiscalía, confirmó que su oficina ha recibido los documentos y que los analizarán igual que hacen con todas las comunicaciones, de forma que se "tomará una decisión a su debido tiempo".