
El Acta de Brujería de 1735
Aprobada por el Parlamento de la Gran Bretaña en 1735, el Acta de Brujería de aquel año convertía en un crimen punible hasta con un año de prisión el declarar que la misma persona u otra tenía poderes mágicos o poder sobre la magia. Con esto, terminaba el tiempo en el que podía considerarse la brujería como algo “real” y se volvía a la doctrina de la Iglesia Cristiana Medieval que afirmaba que la brujería era poco más que ilusionismo: un elaborado engaño cuyo pecado vinculante no era practicarlo en sí, sino creerlo.









